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Dueños estadounidenses en la Premier League: el mapa 2026

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El 19 de diciembre de 2024, The Friedkin Group cerró la compra del 98,8% de Everton y el club de Merseyside se convirtió en el décimo de la Premier League bajo control mayoritario estadounidense. Aquel día todavía era titular. Año y medio después ya no lo es: en la temporada 2025-26, once de los veinte clubes de la primera división inglesa estaban en manos de individuos, familias o fondos de Estados Unidos. Es más de la mitad del vestuario de accionistas de la liga más rica del mundo.

La rotación de la temporada pasada no movió la aguja. Arsenal ganó el título con 85 puntos, y descendieron West Ham United, Burnley y Wolverhampton Wanderers. De los tres, solo Burnley tenía propiedad estadounidense, la de Alan Pace. Y de los tres que subieron —Coventry City, Ipswich Town y Hull City— el que llega con capital de Estados Unidos es Ipswich, propiedad de Gamechanger 20 Ltd, el vehículo detrás del cual está ORG Portfolio Management, gestora que administra dinero del fondo de pensiones de los servicios de seguridad pública de Arizona. Uno sale, otro entra, la cuenta se mantiene.

Quién tiene qué, club por club

Manchester United sigue siendo el caso fundacional. La familia Glazer compró el club en 2005 por 790 millones de libras mediante una compra apalancada, es decir, cargando buena parte del precio como deuda sobre el propio club. Desde 2024, Sir Jim Ratcliffe e INEOS son accionistas minoritarios y dirigen la operación deportiva, pero el paquete de control sigue siendo de los Glazer. En junio de 2026, Bloomberg informó de que miembros de la familia estaban estudiando vender su participación; conviene subrayar que se trata de una información periodística y que no hay proceso formal de venta anunciado por el club.

Liverpool pertenece a Fenway Sports Group desde octubre de 2010, cuando John W. Henry pagó 300 millones de libras. Arsenal es propiedad íntegra de Kroenke Sports & Entertainment desde agosto de 2018, cuando Stan Kroenke compró el 30% de Alisher Usmanov por 550 millones de libras y sacó al club de bolsa. Chelsea cambió de manos en mayo de 2022: el consorcio liderado por Todd Boehly y Clearlake Capital cerró la operación con un precio de compra de 2.500 millones de libras. Dentro de ese consorcio, Clearlake conserva el 61,5%; el resto se reparte entre Boehly, Mark Walter y el suizo Hansjörg Wyss. La tensión entre Boehly y Clearlake sobre quién compra a quién lleva años en la prensa británica y en 2026 seguía sin resolverse.

El resto del mapa, con las participaciones verificadas:

  • Aston Villa: V Sports, sociedad del egipcio Nassef Sawiris y el estadounidense Wes Edens, con alrededor del 34,4% cada uno y el fondo Atairos como socio minoritario.
  • Fulham: Shahid Khan, propietario de los Jacksonville Jaguars, desde julio de 2013.
  • Bournemouth: Black Knight Football Club, de Bill Foley, desde diciembre de 2022.
  • Leeds United: 49ers Enterprises, el brazo inversor de los San Francisco 49ers, con el control total desde 2023.
  • Crystal Palace: Woody Johnson, dueño de los New York Jets, compró en 2025 el 43% que tenía John Textor por un precio informado de 190 millones de libras; Josh Harris y David Blitzer también son accionistas y el presidente Steve Parish conserva en torno al 10%.
  • Everton: The Friedkin Group, de Dan Friedkin, con el 98,8%.
  • Manchester City: no es un club estadounidense, pero Silver Lake mantiene aproximadamente un 18% del City Football Group.

Y por debajo de la Premier League el fenómeno es todavía más denso: Wrexham con Ryan Reynolds y Rob McElhenney, Birmingham City con Knighthead Capital y Tom Brady como socio minoritario, Norwich con Mark Attanasio, Portsmouth con Michael Eisner, Swansea City con inversores estadounidenses. El dinero de Estados Unidos ya no busca solo la vitrina; busca la escalera.

El descuento del descenso

La pregunta útil no es quién compra, sino por qué compra aquí. La respuesta empieza por el tamaño del negocio: los ingresos de la Premier League pasaron de 205 millones de libras en 1992 a unos 6.100 millones tres décadas después, y el paquete de derechos en Estados Unidos, en manos de NBC Sports, se mide en miles de millones de dólares. Para un inversor acostumbrado a franquicias de la NFL cuyo valor medio ronda los 5.000 millones de dólares, un club histórico inglés con audiencia global ha sido durante años, sencillamente, barato.

Barato por una razón concreta: el descenso. En el deporte estadounidense una franquicia es un asiento permanente. Ningún equipo de la NFL, la NBA o la MLB baja de categoría por jugar mal; el peor equipo de la liga elige primero en el draft. En Inglaterra ese asiento se pierde, y con él los ingresos televisivos que sostienen la valoración del activo. Ese riesgo funciona como un descuento en el precio de compra, y al mismo tiempo es lo que más incomoda al comprador una vez que ya ha firmado.

Ipswich Town es la demostración perfecta. Un fondo de pensiones de Arizona vio cómo su activo subía a la Premier League en 2024, bajaba un año después y volvía a subir en 2026. Ningún modelo financiero estadounidense contempla que el valor de una franquicia se mueva así por lo que ocurre en noventa minutos de mayo. Es exactamente esa volatilidad la que explica todo lo que viene después.

Franquicia es la palabra prohibida

En Old Trafford, el grupo de aficionados The 1958 lleva años organizando protestas contra los Glazer, incluida una sentada dentro del estadio tras un derbi de Mánchester, después de que el club subiera un 5% el precio del abono para 2025-26 pese a las peticiones de congelación. El vocabulario de esas protestas es siempre el mismo: deuda, mercantilización y, sobre todo, la acusación de querer convertir el club en una franquicia.

Conviene afinar el diagnóstico, porque el pasaporte no es la variable relevante. Lo que provoca el rechazo es la estructura financiera, y esa estructura no es exclusivamente estadounidense. Los Glazer compraron con deuda, sí, pero Kroenke también financió su compra del 30% de Usmanov con un préstamo de más de 550 millones de libras de Deutsche Bank, mientras que la operación de Chelsea se ejecutó con capital propio del consorcio. Hay dueños estadounidenses que apalancan y otros que no. Fuentes consultadas por ESPN han rechazado además que exista una agenda común entre los propietarios estadounidenses para importar topes salariales, drafts o partidos oficiales fuera de Inglaterra.

La Superliga que duró 48 horas y todo lo que dejó

En abril de 2021 doce clubes anunciaron la Superliga Europea. Seis eran ingleses: Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester United, Manchester City y Tottenham Hotspur. El proyecto se desplomó en cuestión de días bajo la presión de las aficiones y la amenaza del Gobierno británico de legislar contra él. Los seis clubes aceptaron después un acuerdo de 22 millones de libras con la Premier League —unos 3,5 millones cada uno— más una multa suspendida de 25 millones y una amenaza de descuento de 30 puntos si volvían a intentarlo.

El atractivo del proyecto era precisamente la participación garantizada y permanente: el modelo de franquicia trasladado a Europa. No es casualidad que dos de los tres impulsores ingleses más señalados tuvieran dueños estadounidenses. Tampoco lo es que el episodio dejara consecuencias que siguen vivas en 2026. En diciembre de 2023 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que las normas de autorización previa de la UEFA y la FIFA vulneraban el derecho de competencia y constituían un abuso de posición dominante. La sentencia no aprobó la Superliga, pero eliminó el veto automático. A22 relanzó el proyecto en diciembre de 2024 como Unify League, con 96 equipos, cuatro niveles, ascensos y descensos y sin miembros permanentes; hasta ahora ningún gran club se ha comprometido públicamente.

La consecuencia más duradera es otra y es británica. La Football Governance Act 2025 recibió la sanción real el 21 de julio de 2025 y creó un regulador independiente para los 116 clubes de las cinco primeras categorías masculinas de Inglaterra, con un examen legal de propietarios y directivos cuyo primer bloque entró en vigor el 12 de diciembre de 2025. Comprar un club inglés ya no es solo cuestión de precio: hay un organismo estatal que decide si el comprador es apto.

"Ningún club inglés se compró por el trofeo: se compró por el balance, y el balance depende de no descender."

De ahí que el debate haya cambiado de forma. Ya no se discute si el capital estadounidense va a llegar, porque llegó y se quedó. Se discute qué pasa cuando un modelo pensado para ligas cerradas se aplica a una competición donde el fracaso deportivo destruye valor de verdad. Los once dueños del mapa de 2026 aprendieron esa lección de maneras muy distintas, y algunos todavía la están pagando.

Simula la Premier League tú mismo

Los despachos deciden quién es dueño del club; el campo decide dónde termina en la tabla. Esa segunda parte sí la puedes reproducir tú:

  • Simula la temporada completa de la Premier League y comprueba cómo queda la clasificación final.
  • Consulta las probabilidades del supercomputador de título y de descenso calculadas sobre 10.000 temporadas simuladas.
  • Edita cualquier resultado y observa cómo se recalcula la tabla al instante.
  • Sigue los cuadros de la FA Cup y la Carabao Cup ronda por ronda.

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