Camp Nou 1999: el triplete del United en el descuento
Lennart Johansson, presidente de la UEFA, ya había abandonado su asiento para bajar a entregar el trofeo. La Copa de Europa esperaba en el túnel con las cintas del Bayern de Múnich ya colocadas. No es una leyenda que se cuenta en los pubs de Mánchester: está documentado y ocurrió tal cual. Cuando Johansson volvió a mirar al césped, el partido tenía otro ganador.
Una final jugada sin la mitad del centro del campo
El 26 de mayo de 1999, ante 90.245 espectadores en el Camp Nou y con Pierluigi Collina como árbitro, Alex Ferguson tuvo que armar una final sin Roy Keane ni Paul Scholes, ambos sancionados por acumulación de amarillas en la vuelta de semifinales ante la Juventus en Turín.
La solución fue una reconstrucción de emergencia: Peter Schmeichel se puso el brazalete, David Beckham se metió al centro junto a Nicky Butt, y Ronny Johnsen —central de oficio— y Jesper Blomqvist entraron al once. El United perdió con ello a sus dos mejores organizadores en el peor partido posible.
Al minuto 6 lo pagó. Johnsen derribó a Carsten Jancker justo al borde del área y Mario Basler colocó la falta por el costado de la barrera. A partir de ahí el Bayern administró la ventaja durante ochenta minutos largos, y estuvo dos veces a un palmo de sentenciar: Mehmet Scholl picó un balón al poste y Jancker estrelló una chilena en el travesaño.
Tres minutos
Ferguson había metido a Teddy Sheringham por Blomqvist en el 67 y a Ole Gunnar Solskjær por Andy Cole en el 81. El cuarto árbitro señaló tres minutos de descuento.
- 90+1: córner de Beckham, el balón queda muerto en el área y Sheringham empuja el empate.
- 90+3: otro córner de Beckham, Sheringham peina de cabeza y Solskjær la empuja con la punta de la bota.
- El partido terminó sin tiempo siquiera para volver a sacar de centro.
Conviene ser preciso con algo que se repite mal: el United no marcó en el minuto 90, marcó en el descuento, y no hubo prórroga ni estuvo cerca de haberla. Sobre cuántos segundos exactos separaron los dos goles circulan cifras muy distintas y ninguna procede de un cronometraje oficial; lo verificable es que fue poco más de un minuto.
Solskjær ha contado después que, mientras sus compañeros celebraban el empate de Sheringham, él ya volvía corriendo al centro del campo porque daba por hecho que se iba a la prórroga.
El triplete, en diez días
Aquella final cerró la temporada más condensada que ha firmado un club inglés.
- 16 de mayo de 1999: el United gana 2-1 al Tottenham en Old Trafford y se lleva la Premier League. Ferdinand adelantó al Tottenham, Beckham empató y Andy Cole marcó el segundo nada más volver del descanso.
- 22 de mayo de 1999: 2-0 al Newcastle en el viejo Wembley, con goles de Sheringham y Scholes, para la FA Cup.
- 26 de mayo de 1999: el Camp Nou.
Las dos caras del mismo pitido
Ferguson resumió la noche en la entrevista de campo con una frase que sobrevivió a todo lo demás: fútbol, joder. Fue nombrado caballero el 12 de junio, apenas dos semanas después.
Del otro lado quedó una escena difícil de mirar. Ottmar Hitzfeld habló de lo difícil que era digerirlo y de que aquello era, precisamente, lo que el fútbol es. Franz Beckenbauer la llamó la derrota más cruel posible, porque la victoria estaba demasiado cerca. Lothar Matthäus fue el más seco: no ganó el mejor, ganó el más afortunado. Y Johansson, ya de vuelta en el césped, dejó la frase que mejor describe el desconcierto de aquellos minutos: los ganadores lloraban y los perdedores bailaban.
El Bayern no cerró ahí su calvario: aquella misma temporada perdió también la final de la Copa de Alemania ante el Werder Bremen en los penaltis, y acabó el curso solo con la Bundesliga tras haber rozado un triplete propio. La reparación llegó en 2001, en San Siro, ganando la Champions al Valencia por penaltis con Oliver Kahn deteniendo tres. Para el United fue el último partido de Schmeichel con la camiseta.
"Ninguna estadística previa al minuto 90 de aquella final habría dado al Manchester United más de un puñado de opciones. El fútbol se juega hasta que el árbitro decide que se acabó."
Es el mejor argumento que existe contra dar una eliminatoria por cerrada, y también el mejor motivo para rehacerla.
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