Cómo funciona el VAR: protocolo, IFAB y polémicas reales
El 28 de febrero de 2026, reunido en Hensol (Gales), el IFAB aprobó que el VAR pueda intervenir cuando un árbitro expulsa a un jugador por una segunda tarjeta amarilla claramente equivocada. Hasta esa fecha el protocolo dejaba fuera las segundas amarillas de forma explícita: solo se revisaban las rojas directas. El cambio entró en vigor el 1 de julio de 2026, se estrenó en el Mundial de 2026 y la Premier League lo ha incorporado para 2026-27.
El detalle importa porque explica la mitad de las discusiones de bar sobre el VAR. La herramienta no es una cámara ni una sala llena de monitores: es un reglamento con una lista cerrada de situaciones. Y ese reglamento se mueve casi cada año.
Las cuatro categorías que el VAR puede revisar
El protocolo del IFAB limita la intervención a cuatro tipos de decisión. Fuera de esa lista, el VAR no puede entrar por muy grave que parezca el error.
- Gol o no gol: incluye infracciones del equipo atacante en la jugada previa, balón fuera del campo e infracciones en el lanzamiento de un penalti.
- Penalti o no penalti: abarca también dónde se cometió la infracción y los penaltis señalados por error.
- Tarjeta roja directa: juego brusco grave, conducta violenta, escupir, morder y la ocasión manifiesta de gol. Desde 2026 se suma la roja derivada de una segunda amarilla claramente incorrecta.
- Identidad equivocada: cuando el árbitro amonesta o expulsa a un jugador que no es el que cometió la infracción.
Existe además una quinta posibilidad, pero es opcional para cada competición: corregir un córner concedido claramente por error, siempre que la corrección pueda hacerse de inmediato y sin retrasar la reanudación. La Premier League ha comunicado que no adoptará esa opción en 2026-27. La FIFA sí la activó para el Mundial de 2026. Mismo protocolo, distinta configuración.
Lo que queda fuera es igual de revelador. Una amarilla ordinaria, un saque de banda mal concedido, una falta en el círculo central o una tarjeta que el árbitro nunca llegó a sacar no son revisables. Por eso muchas protestas del fin de semana no tienen recorrido posible: no es que el VAR se equivoque, es que no está autorizado a mirar.
Qué significa de verdad el error claro y manifiesto
El listón de intervención tiene dos puertas de entrada: el error claro y manifiesto, y el incidente grave no advertido, es decir, una jugada que el equipo arbitral no vio en absoluto. El protocolo lo formula al revés de como suele contarse: la decisión original del árbitro no se cambia salvo que la revisión en vídeo muestre con claridad que fue un error.
Esa inversión es la clave de todo el sistema. El VAR no busca la decisión correcta desde cero; comprueba si la decisión tomada resulta defendible. En jugadas donde dos aficionados razonables verían cosas distintas —la intensidad de un contacto, si un brazo estaba en posición natural, si un delantero exageró—, el criterio dice que no hay error manifiesto y la decisión de campo se mantiene.
El resultado, para el espectador, es una sensación de arbitrariedad que en realidad es lo contrario. Cuando el VAR no interviene en una acción que en televisión parece dudosa, no está fallando: está haciendo exactamente lo que el protocolo le pide, que es no rearbitrar el partido. La frustración nace de un malentendido de origen, el de creer que la tecnología llegó para dar la razón definitiva en todas las jugadas discutibles.
Por qué la decisión del árbitro de campo pesa tanto
El protocolo contiene una obligación que suele pasarse por alto: el árbitro debe tomar siempre una decisión. No puede dejar la jugada en suspenso a la espera de que le hablen por el pinganillo. Aunque dude, tiene que resolver algo, porque esa decisión inicial fija el punto de partida de cualquier revisión posterior. Si señala penalti, la pregunta pasa a ser si hubo un error claro al señalarlo; si deja seguir, la pregunta es si hubo un error claro al no señalarlo. La misma acción se juzga con la carga de la prueba invertida según lo que pitó el árbitro.
A partir de ahí hay dos caminos. En una revisión a pie de campo, el árbitro acude al monitor y mira las imágenes él mismo; se reserva para juicios subjetivos, como la fuerza de una entrada o la naturalidad de un movimiento. En una revisión resuelta solo por el VAR, el árbitro decide con la información que le transmiten desde la sala; se usa para hechos objetivos, como una posición de fuera de juego o si el balón salió del campo. Que el árbitro no vaya al monitor no significa que no haya habido revisión: significa que el asunto era factual y no admitía interpretación.
La Premier League ha puesto nombre propio a este principio: Referee's Call. La decisión del árbitro se mantiene salvo que el VAR aprecie un error claro y manifiesto con la evidencia disponible, y la liga ha confirmado ese umbral alto también para la temporada 2026-27. En paralelo, ha añadido transparencia: anuncios por megafonía explicando las decisiones tomadas tras una revisión, repeticiones de goles anulados y de revocaciones en las pantallas del estadio, y explicaciones publicadas después del partido. Eso no altera el criterio; altera cuánta información tiene el aficionado para juzgarlo.
El fuera de juego semiautomático, la parte objetiva
El fuera de juego es la excepción dentro del protocolo: no admite matices de criterio, solo posiciones. La Premier League introdujo la tecnología semiautomática en la jornada 32 de la temporada 2024-25, el 12 de abril de 2025, en el Manchester City contra el Crystal Palace, después de haberla probado en la quinta ronda de la FA Cup de ese mismo curso.
El sistema utiliza hasta una treintena de cámaras instaladas en los estadios, algunas grabando a 100 fotogramas por segundo —el doble que una cámara de retransmisión habitual—, y construye una malla de miles de puntos de superficie por jugador para situar la línea de forma automática. No cambia el criterio de fuera de juego ni la exactitud de la norma: cambia el tiempo que se tarda en aplicarla, que es precisamente la queja que más había crecido entre los aficionados en el estadio.
Sigue siendo, eso sí, una revisión factual. Por eso el árbitro no pisa el monitor en un fuera de juego milimétrico: no hay nada que interpretar, solo una posición que confirmar. Que la imagen resultante siga pareciendo injusta cuando un hombro sobresale tres centímetros es un debate sobre la regla del fuera de juego, no sobre el VAR.
Por qué cada liga parece tener un VAR distinto
El protocolo es único, pero su aplicación no lo es, y hay tres motivos diferentes que suelen confundirse entre sí.
El primero es normativo. Una federación o una competición solo puede usar VAR con permiso del IFAB, y ese permiso exige aplicar el protocolo completo y cumplir los requisitos de formación arbitral y de equipamiento técnico. Dentro de ese marco quedan las opciones de competición, como la del córner: adoptarla o no es decisión de cada liga, y por eso una misma acción se revisa en un torneo y no en otro sin que ninguno de los dos esté incumpliendo nada.
El segundo es de calibración. El umbral de intervención se ajusta con instrucciones internas a los equipos arbitrales. Una competición que insiste en un listón alto tendrá menos revocaciones y más quejas por no intervenir; otra que interviene con más facilidad tendrá menos jugadas polémicas sin corregir y más interrupciones. Ninguna incumple el protocolo: lo interpretan con distinta tolerancia, y el aficionado que ve dos ligas percibe dos VAR.
El tercero es sencillamente de existencia. En Inglaterra, el VAR opera en la Premier League, pero la Championship no lo tiene en sus partidos de liga. En 2026, los clubes de esa categoría rechazaron incluso implantar un sistema de desafío por vídeo para 2026-27, por coste y por el efecto sobre la experiencia en el estadio; la tecnología de gol, en cambio, sigue funcionando desde 2017-18. Un aficionado cuyo equipo asciende no pasa a un VAR más estricto: pasa de no tener VAR a tenerlo, con todo lo que eso implica en expectativas.
A ese cuadro se suma el movimiento constante del propio protocolo. El 31 de mayo de 2026 el IFAB aprobó una clarificación sobre las infracciones claras del equipo atacante cometidas antes de que el balón esté en juego en córners y faltas: si se cumplen los criterios, el VAR recomienda revisión a pie de campo, se aplica la sanción disciplinaria correspondiente y la jugada se repite. Se estrenó en el Mundial de 2026 a la espera de evaluarla antes de extenderla al resto del fútbol.
"El VAR no fue diseñado para acertar siempre, sino para impedir que un error evidente decida un partido."
Entender el mecanismo no cierra las discusiones, pero mejora su calidad. Buena parte de lo que se atribuye a la mala fe de una sala de vídeo es el resultado previsible de un protocolo escrito para intervenir poco, con una lista corta de supuestos y un listón deliberadamente alto. Se puede estar en contra de ese diseño; lo que no tiene mucho sentido es exigirle al sistema algo que nunca prometió.
Y si lo que te apetece es olvidarte del arbitraje y quedarte con los goles y la tabla, el simulador reparte puntos sobre el césped: no modela decisiones arbitrales ni intervenciones del VAR.
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