La MLS que abolió el empate y estuvo a punto de morir
Para conseguir el Mundial de 1994, Estados Unidos le hizo una promesa a la FIFA en 1988: crear una liga profesional de primera división. La Major League Soccer nació de esa promesa, arrancó en 1996 con diez equipos, y durante sus primeros años se pareció bastante poco a lo que hoy entendemos por fútbol.
Un reloj que iba hacia atrás
El primer partido se jugó el 6 de abril de 1996 en el Spartan Stadium de San José, con 31.683 espectadores y el presidente de la FIFA, João Havelange, en la grada. Fue San Jose Clash 1-0 D.C. United, y el único gol lo marcó Eric Wynalda en el minuto 88, cuando el partido llevaba ochenta y ocho minutos sin moverse. En un torneo que estrenaba liga, no marcar habría sido el peor estreno posible.
Lo que veía el espectador en el marcador tampoco era normal. El reloj de la MLS descontaba hacia cero en lugar de sumar, se paraba en cada balón parado y sonaba una bocina exactamente en el 90:00: no existía el tiempo añadido. Ese sistema estuvo en vigor de 1996 a 1999.
Y una tanda que se corría
La regla más extraña, sin embargo, era otra: en la MLS de aquellos años no existía el empate. Cualquier partido igualado se decidía con una tanda, pero no con penales normales.
El jugador arrancaba con el balón a 35 yardas de la portería —unos treinta y dos metros— y tenía cinco segundos para conducir y batir al portero, que podía salir de su línea a buscarle. Cinco rondas por equipo y, si seguía la igualdad, muerte súbita. Ganar en los noventa minutos valía tres puntos; ganar la tanda valía uno, y perderla, ninguno.
Se usó de 1996 a 1999 y se abolió al terminar aquella temporada. Desde 2000 la MLS reparte puntos como el resto del mundo.
Aquello no fue todo. En 1996 la liga llegó a proponerle a la FIFA porterías más grandes, saques de banda con el pie en lugar de con la mano, dejar seguir el juego detrás de la línea de fondo y dividir el partido en cuatro cuartos. La FIFA dijo que no a todo. La primera final de la MLS Cup, además, se resolvió con gol de oro: 3-2 del D.C. United al LA Galaxy con tanto de Eddie Pope.
El dinero que se iba
Detrás de las rarezas había un problema serio: la liga perdía dinero a un ritmo insostenible. Las cifras que se citan rondan los 250 millones de dólares de pérdidas en los primeros años, aunque conviene decirlo con cuidado, porque las fuentes discrepan sobre si se refieren a la liga o a sus tres grandes inversores.
Porque a eso quedó reducida. Hacia 2002, diez clubes estaban en manos de solo tres operadores: Philip Anschutz, Lamar Hunt y Robert Kraft. Anschutz llegó a gestionar seis equipos a la vez. Una liga en la que un mismo dueño controla más de la mitad de los clubes no es una liga sana; era, sencillamente, la única forma de que siguiera existiendo.
El campeón que cerró
El 8 de enero de 2002 llegó la decisión más dura. La junta de gobernadores votó por unanimidad cerrar dos clubes: el Tampa Bay Mutiny y el Miami Fusion. La liga pasó de doce equipos a diez.
Y aquí está el detalle que hace de esto una historia y no una nota económica: el Miami Fusion acababa de ganar el Supporters' Shield de 2001, el trofeo al mejor registro de la temporada regular, con dieciséis victorias, cinco derrotas y cinco empates. Era el primer y único título de su historia, en su cuarta y última temporada. Lo ganó y lo cerraron.
Otro dato explica bastante: el Miami Fusion no jugaba en Miami, sino en Fort Lauderdale, a media hora larga en coche. El Tampa Bay Mutiny ni siquiera tenía dueño local; lo gestionaba directamente la liga.
Lo que la salvó
La MLS se salvó por dos decisiones y un golpe de suerte. La primera fue crear Soccer United Marketing en 2002: los dueños de la liga compraron los derechos de televisión en Estados Unidos de los Mundiales de 2002 y 2006 por unos setenta millones de dólares, los empaquetaron con la publicidad de la MLS y los revendieron. La segunda fue construir estadios propios: el Columbus Crew Stadium, inaugurado el 15 de mayo de 1999, fue el primer estadio específico de fútbol de la liga y marcó el camino.
El golpe de suerte llegó ese mismo verano de 2002, cuando Estados Unidos alcanzó los cuartos de final del Mundial. La apuesta televisiva de SUM se revalorizó de golpe.
"Una liga que abolió el empate, cronometraba hacia atrás y cerró al campeón de su temporada regular. Treinta años después vale miles de millones."
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